La geografía que Piglia retrata en La ciudad ausente mezcla datos reales con otros más, dictados por antiguos horrores militares, por las alucinaciones de la ciencia ficción, por la tensión de la novela policial, por el asombro de un viajero. La experiencia de ese mestizaje topográfico puede servir para admitir que no vivimos en un espacio completamente verificable. El flâneur es el paranoico moderno. El itinerario callejero lleva ocultas las maneras del sueño—sea tranquilo o turbado—: el peatón que tropiezas puede ser inventado por el miedo, el edificio que retratas tiene rastros de avidez y pintura Sherwin Williams, el batallón policial que se aproxima puede encarcelarte o regalarte, antes de que despiertes, la última edición de El eternauta, de Oesterheld y Solano López.
08 February, 2010
18 December, 2009
¿Cuántas veces es uno el que escribe? Lo digo por ver si entiendo cómo es que la pereza, el hastío, la distracción y la contrariedad se convierten en la ordenada cartilla que uno firma. No es improbable que esa rúbrica sea una traición: el nombre del autor no necesariamente corresponde a los recuentos que antecede o culmina. Nadie sabe para quién redacta.
Prefiero ocasionalmente inventarme una vida desde cero. Hoy, en la mañana, fui a la aduana acompañado a confirmar que en las oficinas públicas la multiplicación de la escritura, en papeles y papeles idénticos, es una épica cansona. Cierro los ojos y los abro de nuevo: hay otro Luis afuera, con libros que no pagan impuesto, sentado en un café. El borde de la acera no está sucio, las lámparas cumplen su rutina sin ninguna interrupción, convencidas de que las bujías a gas y las velas son un invento, o una simple nostalgia, de Proust. Acabo de nacer, pero no tengo sangre: todo lo que soy en verdad se guarda adentro, aunque puede salir, como al estar herido, sin mayores vergüenzas.
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13 December, 2009
Anoche pasé frío, lo confieso. En general, prefiero dormir con una cobija tan ligera que parece un borrón. Supongo que en esas decisiones el cuerpo se muestra con la soberanía de la autosuficiencia. Pero nunca falta el momento de rendirse y admitir que el peso del paisaje y de sus accidentes es más aciago que la falsa autonomía de la piel, los músculos, los huesos. Cuando eso pasa, termino admitiendo que prefiero esa derrota, porque subraya que afuera hay una bruma invisible que podría helarse, y eso me gusta. Estoy en el otoño de una ciudad donde las estaciones son nada más un alfabeto vago marcado en el papel del calendario. Algo es algo, me digo: el cielo podría nublarse, podría necesitar un abrigo, una cobija más gruesa, podría recompensarme con café más caliente.
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02 December, 2009
La vida literaria es una utopía difusa, sin arquitectura ni administraciones ni conductas, sin planes para una redención posible. Le bastan los espacios cerrados tipo Beckett para imponerse como hábito casi irritable, y en ese aislamiento—hecho de frustraciones reiteradas, de victorias debidas al azar o incluso a la inconsciencia—lo que se sueña mayormente persiste en su latencia. El resto no pasa de la simple constatación de ademanes u obligaciones pedestres pero necesarias. Una reunión de escritores no tiene que ir más allá de la acumulación de comentarios sobre la cocción de una pechuga de pollo. Un salón como el de madame Verdurin en la Recherche de Proust es como el diagrama tridimensional de otras obligaciones y rutinas, más mundanas tal vez, pero no por eso más deterministas.
Hoy estuve tres horas por una fuga de gas fuera de casa, en una acera soleada, sin corbata de lazo. No tenía un libro en la mano. Fue una espera sin nada más que la borrosa observación de los vecinos. Sigo con la ropa que llevaba, que no es un obstáculo, que no es un beneficio. Aun así espero otra vida, de viajes.
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14 September, 2009
Escribo este diario con una parsimonia que anula las certezas del género. Estas frases nada tienen que ver con los sucesos habituales: tal vez al pensar con pausas marcadas en lo que me ocurre prefiero fijarme, más bien, en invisibles correlatos, en estructuras que anotadas apresuradamente sólo revelan un impasse o una falsa verdad. Me conviene irme quedando atrás, no para medir una verdad que quizá sea imposible, sino para precisar con mayores detalles lo que medra en los rincones, oblicuamente, lejos de toda atención. Hay ciudades superpuestas en la ciudad que habito; esa certidumbre está presente en los incidentes que describe Patrick Modiano en sus novelas, que transcurren en distritos soñados, parcialmente heredados del Louis Aragon de Le paysan de Paris; en las calles neoyorquinas que dibuja Ben Katchor; en el Buenos Aires de La ciudad ausente…
Nietzsche defendía, en el prefacio tardío a Aurora (1886), esa labor sin premura, que igualaba al trabajo filológico: Philologie nämlich ist jene ehrwürdige Kunst, welche von ihrem Verehrer vor Allem Eins heischt, bei Seite gehn, sich Zeit lassen, still werden, langsam—la filología es precisamente ese arte venerable que demanda de sus seguidores sobre todo una cosa: hacerse a un lado, darse algo de tiempo, volverse quieto, lento.
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17 May, 2009
Hoy debería alborotarse todo con el misterio lento de lo que se espera. Debería caer nieve, por ejemplo, sólo para obligarnos a pensar en los extravíos en general, en la salida de órbita cuando más inequívocos nos sentimos en la esfera que hemos formado con alambres y papel transparente. Tal vez el rompimiento de esa geometría no haga más que forzarnos a ver alrededor más esferas, ajenas, más sólidas, quizá, que las nuestras, o pequeños rectángulos de lana, o rombos de fique que dejan ver, en su interior, alguien bailando, feliz en su encierro. O a lo mejor me obliga a escribir otras cosas, no sólo el atisbo de aquello posible, sino también lo constatable con instrumentos ópticos que aún habrá de inventarse—la literatura de un presente vinculado a otros temas, con lazos de otra tela puestos a unir esquinas insospechadas de un objeto.
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15 January, 2009
La escritura inconsecuente, soltera, sin prosélitos, está hecha de abstención y desgano. Es mucho lo que se deja fuera, deliberadamente: lo que uno practica al despertar, o después del almuerzo, o en la calle, con gente de nombre tachado. Así se forma el recuento de otras costumbres, más pausadas e invisibles. Es demasiado lo que trunca el fastidio, sin proponérselo declarativamente: lo que uno vislumbra como un fantasma que se muestra de pronto, en el dormitorio o en el baño, como consecuencia de su propia magia, o su propia ficción, o sus propios engaños. Son los proyectos de la utopía—ese lugar sin cartografía ni señales de tránsito, sin postales reconocibles, también sin calendarios, como si fuera por su parte otro fantasma que aparece de pronto, si es que llega a mostrarse como algo más que un sueño.
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12 December, 2008
No es del todo imposible que el futuro lugar de la literatura se halle en el vaciadero de textos descartados. Uno se imagina esos fragmentos, quizá llenos de asomos geniales pero prematuros, asomados a destiempo desde un sistema por completo distinto, y piensa en las obras que se forman desde la arbitrariedad o la justicia de alguna otra lectura. En esas narraciones o poemas casi fortuitos, la extrañeza no es necesariamente el signo congénito: a veces se rechaza el uso más consabido en beneficio de una asombrosa trouvaille. Lo que puedan vindicar los lectores ilusorios a lo mejor resulte aquello que hoy es convencional.
La última novela de Bolaño es, con justicia, ese depósito de líneas recusables. Se sabe que 2666 se publicó sin cortes, con la insolencia de sus fallas y desproporciones. Habría que preguntarse cómo esas páginas que hubieran podido quedar fuera llegarían con el tiempo, tal vez, a constituirse en modelo. Hoy, esa obra es un cruce de eras donde conviven lo hecho y lo viable. Las sobras de Bolaño son parte, justamente, de esa obra de Bolaño: no hay texto más utópico.
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30 November, 2008
La ortografía, esa forma moral de composición basada en signos visibles, tiene una relevancia apenas entrevista. Eso no supone nada malo; reivindicar en la escritura únicamente las pasiones y la fiereza de algunas descripciones—la pretendida naturalidad de unas destrezas adquiridas por el género humano—es parte de una vocación adolescente. No quiero decir que la literatura carezca de una porción, mágica, de incertidumbres y erratas. Me refiero más bien a esa conciencia límite ante la cual se presenta el problema de una estructura posible, que no depende de la previsible lógica de las premisas y las conclusiones. Habría que ver, por ejemplo, la forma en que Chejfec y Alan Pauls apelan a los puntos suspensivos encerrados en corchetes. En el primero, en Lenta biografía, tal uso convierte trozos enteros en adenda, en comentarios laterales, claramente presentes, en la realidad de ese texto, como retrospección: alguien ha abierto un manuscrito hasta entonces cerrado y se ha dedicado a prolongar la narración. El testimonio de Historia del llanto, de Alan Pauls, es por su parte una defensa de la supresión: lo que se consideraba innecesario en el documento inicial se omite en beneficio de la coherencia narrativa. En ambos casos, se presume la existencia de un relato platónico sobre el que se trabaja, sólo que en Chejfec ese Ur-Text aún resulta visible y en Pauls ha quedado omitido, perdido en el basurero de lo irredimible.
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18 November, 2008
Los ruidos de afuera son ahora una mezcla de vocerío y un resabio de lluvia. Más cerca de mí, el televisor insiste en recordarme ciertas infamias: los crímenes locales, los exabruptos locales, la estulticia local, la intransigencia local disfrazada de educación política. Ante esa conjunción, lo que hago parece incompetente, no pasa de ser una reiteración de mis rarezas, fundadas en la ficción de un espacio privado y de sus privaciones. Alguna vez esta hora será una simple ruina; quizá pueda reivindicarla como una rebeldía, como una terca apología de virtudes recónditas, evidentes entonces, como un brillante exemplum. Espero que no; me niego a hacer de esta época nada que no sea la decisión de abstenerme de la falsa historia y sus festividades y sus acusaciones.
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29 October, 2008
Al final de esta entrada quiero escribir la palabra zoológico. No tengo ninguna razón para hacerlo, por eso la aventura me cautiva con su apretado arbitrio—que convierte la escritura en una gimnasia de constreñimiento, algo como un legado del Ouvroir de littérature potentielle. ¿Cómo rechazar ese llamado al desorden, esa pequeña ceremonia de incertidumbre, de extrañeza y hallazgo? En definitiva, un diario tiene en común con el ensayo más que la ficción de la persona; los une también la calistenia ejecutada a la intemperie, sin orden en la rutina de los ejercicios, libre para acabar con una tradición y empezar otra nueva.
Puede sonar como una paradoja, es verdad: Montaigne seguramente no sabía, al iniciar la redacción de cualquiera de sus glosas, discursos, cuentos o tratados, cómo iba a concluir. Su literatura es redundantemente dinámica: en el mismo acto de componerse se compone. El Journal de Paul Léautaud seguramente tenía como principios generales la sabiduría y la maledicencia, y no quizá el vaticinio nominal. Yo sí preveo el sustantivo final de estas líneas, pero el resto es para mí una creación perversamente oscura, fortuita. Tal vez esta cosa sea más bien como un paisaje abierto: puede que desde el horizonte se asomen unos buitres, o una sola jirafa, de mediana estatura, o contados hipopótamos, o tres leones perezosos, repletos. Lo que salga vendrá con libertad, a eso me refiero: nada podrá plantársele en el medio para impedir o posponer su aparición, como se plantan, entre un paseante y sus fieras, los pozos contrahechos y barrotes en el orbe artificial de un zoológico.
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16 October, 2008
Lo palmariamente urbano no existe sin una contraparte rural. Eso se nota con facilidad entre montañas: en una misma observación convergen, según me cercioro desde cualquier ventana, variados edificios y la altura, verde, opaca, de paredes geológicas. Esa constatación debería suprimir cualquier feria de duelos y conflictos. Basta un descuido persistente y esas construcciones se convierten en ruina—el regreso de la piedra a la entelequia, a la disfunción, a su cosmos de poros y geometría confusa. Y si un labriego providente o un Sísifo con dotes de arquitecto decidieran subirse a las montañas con un listado de propósitos para la roca bruta, las laderas pasarían a llamarse depósito, hangar, salón de fiestas, vivienda comunal, escuela de enfermeras, estacionamiento, cancha, complejo de oficinas, restaurante. Eso me digo. De inmediato, cierro las cortinas y sigo releyendo lo que imaginara González León en País portátil y algunos ejercicios narrativos de José Balza. Los dos saben muy bien los términos de tales convivencias.
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11 October, 2008
Redactar un diario es una forma de expropiación, en el que se anota un ensamble de imágenes robadas a la privacidad. Otras veces, sin embargo, ese pequeño cuaderno sólo puede configurar una serie de frases que, con verosimilitud, instauran esa privacidad, como si la vida fuera subsidiaria de un mito sosegado y tardío. Se puede hacer un embargo de lo que existe previamente o de lo imaginario. El mío es uno de esos diarios fantasmas: vivo en un estado compuesto de ruidos, de proyectos, de higienes necesarias y de especulaciones, a medio camino entre lo que se descompone y lo que no se toca. Ojalá pudiera ser un poco más sanguíneo, para mortificar, con prosaica exactitud, estos hábitos de fotografía—fijos como todo paisaje en toda Polaroid: la misma eterna pila de nieve en una columnata, la misma expectación de un verano adolescente, sin envejecimiento… Om.
Posted by Luis Moreno Villamediana at 9:49 PM 2 comments
22 August, 2008
Anoche escuché como una doble expresión de la lluvia. El agua puede ser bastante autoritaria, como si quisiera acabar cierta placidez que recónditamente la perturba. Por aquí, de noche, suele caer con cierta suntuosidad en el cemento. Abajo hay una cancha que percute con alguna ceremonia; es el ruido penetrante de la lluvia que no quiere esperar la erosión detenida, que prefiere omitir cualquier idea del tiempo y de la lentitud. Es un poco abrumadora, es cierto. Pero anoche, logré darme cuenta de un trabajo distinto: al fondo había un bisbiseo de agua casi rural, más interesada en definirse como un fantasma menudo. Ese sonido tiene una buena parte de escritura: algo que bordea la incertidumbre, que se resiste a la grandilocuencia y a las imposiciones.
Posted by Luis Moreno Villamediana at 10:48 AM 5 comments
09 July, 2008
La escritura, se dice, no debería ser un acto voluntario, como la elección de una carrera mecánica o la mezcla de camisa y pantalón. Esas dos decisiones son sin duda expresivas, pero no necesariamente patológicas. De la literatura se acostumbra esperar ese color enfermizo, ese impulso casi criminal que, según repiten, muestra el plan de la verdad. Yo, en ese sentido, soy desapegado y ficticio. Puedo estar tiempo sin añadir una sílaba a esto, sin la certidumbre de la comunicación obligatoria.
La inspiración, el constreñimiento, son asuntos complejos. ¿Quién creería que los diarios de Kafka—circulares, cerrados, forzosos—comienzan con una noticia calmada, un mero dibujo? Die Zuschauer erstarren, wenn der Zug vorbeifährt, la multitud se pasma cuando pasa el tren. A menos que uno esté dispuesto a conceder que en esas palabras hay ocultos un proceso más, otro castillo, otra transformación.
Posted by Luis Moreno Villamediana at 9:05 AM 0 comments
06 March, 2008
Quisiera engañarme alguna vez, decirme que escribir supone un estado de gracia, o en todo caso alguna compulsión. No nos cae mal, necesariamente, una idea romántica del oficio propio. El concepto de vocación atendida supone una presencia, ajena, que viene a emplazarnos y un gesto de respuesta. Pero sólo puedo verme como un asomado. La misma palabra oficio claramente es una exageración: lo que ejerzo en verdad es un mero simulacro laboral. Para completarlo, debo arrastrarme un poco, obligarme a admitir que esto me importa más que la suprema distracción, por más que en ésta sea más constante y decidido.
Posted by Luis Moreno Villamediana at 12:01 AM 2 comments
28 January, 2008
Hoy me levanté antes de las siete. Fue una decisión puramente orgánica: abrí los ojos cuando todavía estaba oscuro, traté de prolongar mi estadía en la cama pero no fue posible. El insomnio, por ligero que sea, es el nombre solemne de la independencia corporal. Algo bueno resultó de esta rara venganza. Pude ver cómo amanecía, cómo el tope de las montañas se cubría de una franja de luz, en mitad de un cielo despejado. Supongo que se trata de la compensación estética de las dolencias.
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27 January, 2008
Que el sistema de correo funcione puede generar un pasatiempo. En Baton Rouge, solía bajar a ver si el cartero me había dejado algo en la casilla. Por un tiempo supe a qué hora debía aparecerse: poco después de mediodía, en general. En algún momento esa rutina cambió, seguramente por causa de una conspiración. Me tocó ponerme a adivinar jugando con horarios distintos. Al final decidí quedarme tranquilo hasta las seis de la tarde; ya para entonces sin duda habría pasado.
No siempre recibía cosas de importancias. Muchas veces me dejaban papeles inútiles. Otras, la casilla desocupada me abatía: en esas ocasiones me sentía ridículamente abandonado.
No exagero al pensar que el correo nos da legitimidad como ciudadanos reales. Por él nos envían solicitudes de donación, pedidos de adhesión a alguna causa pública, recordatorios de algún deber, advertencias, quejas, notas de crédito, además de muchas hojas comerciales. Lo que pueda traer un cartero es mucho más que un sinfín de resmas de papel; se trata de documentos que nos participan de una responsabilidad civil concreta.
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19 January, 2008
Las nacionalidades no son una medida de pertenencia. Por más de ocho años viví en Estados Unidos. El uso de una lengua extranjera era para mí, allá, una marca distintiva, no un estigma, por mucho que el acento les confirmara a todos la diferencia de un origen. Esa forma de moverse en un sistema que no puede ganarse del todo en realidad me conmovía. No me perturban las versiones intencionales de la expatriación. Ahora vivo en el lugar que coincide legalmente con mi naturaleza. Llegué a comienzas de julio y de inmediato comprobé que mi estatuto jurídico no me daba derecho a esperar un decreto de júbilo. Quien regresa a su país vuelve sin manifestaciones exaltadas; ese sigilo coincide con la agitación rutinaria de los otros, con la indiferencia del paisaje, con el descuido de las instituciones y los funcionarios. Únicamente en masa somos ciudadanos. De resto, si uno ve por la ventana la sombra de las montañas y la quietud de algunos edificios, solo, se da cuenta de que una nación es una certeza apenas nominal.
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30 June, 2007
Escribo ahora en un lugar distinto. Quizá tal situación requiera algún cambio, una transformación sintáctica siquiera modesta. Escribo, ahora, en un lugar distinto. Con esa modificación puede uno cumplir con las obligaciones del naturalismo literario. (Dentro de poco, la diferencia de paisaje y de clima va a ser aun más notable.) Entre Baton Rouge y Seattle, donde he estado ya por tres semanas, los contrastes son claros: referirse aquí al verano supone en estos días una cierta grandeza por venir. Allá, desde hace tiempo los termómetros muestran más de treinta grados centígrados, y la humedad es criminal; en Seattle, hoy, la temperatura no va a pasar de veintitrés grados. A ese estado de la tierra lo llamamos paradisíaco. Lo que pueda esperarme en otro lado es, sencillamente, conjetural.
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22 May, 2007
Hoy, por unas nueve horas, llevé un pantalón negro. No digo eso para sugerir o promover algún augurio; se trata, nada más, de un reporte casi meteorológico, la simple descripción de una parte de mi mera figura. Habrá quien sepa hacer de esa noticia un trastorno metafísico. En mi caso, no hago otra cosa que escribir una entrada para ser más consecuente y puntual. Alguien como Robbe-Grillet podría extenderse en esa observación y así continuar con su obsesiva negación de la psicología. Flaubert sería capaz de convertir mis pantalones en una prenda minuciosa, llena de carácter y relevancia, como el mismísimo gorro de Charbovari—un monstruo de telas dispares. Yo prefiero detenerme en este punto, reiterar que el fulano pantalón no me gusta demasiado, admitir que tengo que lavarlo, pronto, que lo usé con una camisa blanca de rayas azules y delgadas (bonita).
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16 May, 2007
Tengo que admitir mi falta de disciplina. Tengo muy poco de abnegado calvinista: escribo como extensión de la pereza, no para combatirla. Quizá esa confesión parezca un poco absurda; el caso es que las lagunas entre entrada y entrada de este “diario” sólo acentúan esa natural dispersión. A lo mejor se trata, justamente, de una revelación más sutil de lo que pueda creerse. El tiempo que transcurre, que dejo, de hecho, transcurrir y pierdo como si se tratara de una riqueza mal habida y culpable, es más personal que la acumulación de párrafos y la cuidada posición de las comas. En esa distancia temporal se cuela una épica por completo doméstica, sin heridas ominosas ni vencimientos. No he terminado de leer el libro de Bolaño, he comenzado The Yiddish Policemen’s Union, de Michael Chabon, que me va gustando. El resto, ya se sabe, es silencio. Se trata de aceptar esos huecos ilesos como si se tratara de órganos ligeramente ficticios pero muy eficaces (un corazón de más, tal vez de yeso, o pulmones de cuarzo, dibujados).
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26 April, 2007
En la antología de Bolaño hay varios cuentos sobre escritores. No habrá de extrañarse quien haya leído sus novelas. En ellas la literatura sirve de estructura temática, a veces como aspiración (como ocurre en Los detectives salvajes), otras como acto confirmado (es el caso de 2666). Lo notable es que en su narrativa la escritura parece más una profesión contextual que una serie de textos: sabemos que este o aquel personaje se dedica a escribir, llena cuadernos y cuadernos, lee sus poemas delante de otros, publica sus novelas o cuentos, pero el caso es que esa obra no está consagrada en citas literales. Nos corresponde creer en lo que se nos dice: esos fulanos son autores, y ya. La fe que Bolaño espera de nosotros se confirma en los títulos de algunos de esos cuentos: “Sensini”, “Henri Simon Leprince”, “Enrique Martín”. El índice onomástico debe bastarnos. De esa manera, los relatos cobran la apariencia de entradas en una enciclopedia. Podría pensarse que esa discreción, que se contenta con la sola mención de nombres y apellidos, sería sostenible en el caso de autores consagrados. Estos de Bolaño no lo son. De Leprince se revela: “Naturalmente es un escritor fracasado”. El adverbio es demoledor. Eso hace más interesante el laconismo de esos encabezados. La literatura es en esos relatos una fuerza privada, la contraseña de un clan de facha irrelevante, cuyos miembros obedecen a una lógica que de antemano ha renunciado a las demostraciones. Su propio convencimiento es suficiente.
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23 April, 2007
He estado leyendo en estos días unos cuentos de Roberto Bolaño. Están en Last Evenings on Earth, una selección preparada y traducida por Chris Andrews. La lengua es una elección impuesta por las privaciones de la biblioteca. Me toca pensar que Bolaño es tan extranjero como otros. No hay que sentirse culpable. Uno lee a Kafka en español y no piensa en la sintaxis inicial; es una forma natural de apropiación. Me gusta imaginar el Dostoyevski que leyera Roberto Arlt, compuesto de solecismos y caló, tal vez—que Arlt sabría aprovechar. Esos saltos y transfusiones son parte de la rutina literaria. En la anatomía de muchas obras hay huesos prestados, y uno los adivina en el tesauro o la simple posición de un adverbio. El Bolaño de Andrews, por ejemplo, practica el gusto por vocablos latinos; ya en las primeras líneas del primer cuento hay dos: “dilapidated” y “exacerbated”. Ese hallazgo me fuerza a pensar de nuevo en el revés, en el idioma primario del texto, en el que esas palabras tienen una rara y gastada modestia.
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11 April, 2007
Soy un lector desordenado; paso de una página a otra, lo que parece normal—el asunto es que esas páginas pertenecen a libros distintos. Así mezclo una historia de Donald Barthelme con una frase de Rodolfo Walsh y un poema de Reznikoff. Algún trazado ha de haber en esos saltos, un atlas de lectura que me permite saber dónde me hallo, sin el ilusorio rigor de un sistema. No está mal. De hecho esos géneros admiten esas livianas infidelidades y abandonos. Hace tiempo, eso sí, que no leo una novela. Es una forma de evitarme la culpa; me digo que necesito las horas que podría dedicarle a Saer o a Richard Flanagan para terminar algún proyecto. Las novelas son como el epítome de la malcriadez y el egoísmo. Por ahora, me dedico al desconcierto, al agrado de la improvisación, al puro nomadismo.
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